jueves, 20 de diciembre de 2012

Caray..no les ha pasado que Facebook de repente deja de funcionar y cuando logras acceder de nuevo te pone trabas para no dejarte pasar y al final, después de que te obligan a cambiar de correo y de contraseña, te pide esperar un día entero para comprobar que en realidad eres tú? Carajo...

miércoles, 3 de octubre de 2012

Saludos desde el otro lado del charco.

Sí, bueno, ahora creo que ya todos lo saben, y por si no lo sabían, ahora lo sabrán - bueno, no es como que mucha gente esté siguiendo este blog, pero para mí es una manera de desahogarme - estoy en Strasbourg, Francia! Ya esa es toda la emoción que le pondré a ese fenómeno.

Desde acá he visto muchas cosas, entre ellas la situación de mi país a larga distancia y la situación de otro país a corta distancia.

Sé que un país europeo no se puede comparar a uno latinoamericano, no podemos comparar ni a la gente, ni a la forma de pensar, ni a las políticas, ni al lugar, ni a los paisajes, ni a nada, es totalmente incomparable, es completamente otro mudo. Es como querer comparar una galleta con una rama de árbol. No tiene sentido.

Durante estos días he estado muy solo, casi no he podido disfrutar del paisaje, agregando el hecho de que ya recorrí toda la ciudad a pie, en tren y en barco y que no me queda mucho bueno por ver. En fin, me he sentido solo, además las horas de distancia entre México y Francia son tantas que si me conecto al internet a media noche, mi gente apenas acaba de regresar a su casa de la escuela o el trabajo, o sea, ni con quien hablar ni con quien desahogarme...ocasionalmente por esa razón me duermo a las 2 o 3 de la madrugada...

Mi relación va bien, según la relación misma, pero según yo está pasando un camino escabroso y "misty" que hace tiempo no transitaba. No me siento a gusto pidiéndole que haga cosas que no hace, como maquillarse o arreglarse, pero al mismo tiempo me siento bien de pedírselo ya que si no empieza a hacerlo ahora nunca lo hará y siempre va a ser la fachosa y desaliñada novia de *insertaminombreaquí*. Además, no sólo es eso, sino que útimamente no me he sentido completamente a gusto con ella, es siempre lo mismo, claro que hay momentos de diversión, pero siempre termina en sexo, no quiero sólo tener sexo con alguien por-no-tener-otra-cosa-que-hacer. Eso me frustra un poco. Además está el dinero, soy pobre. Bueeeeno, no soy taaaan pobre, pero no puedo pagar restaurantes caros ni andarle comprando regalos bonitos ni nada de eso - igual siento que no le luciría nada lindo por su falta de atención en su arreglo personal -, sólo puedo llevarla a comer comida china y al cine y de vez en cuando a echar un polvo al motel...pero en realidad eso no me parece suficiente, ya casi cumplimos tres años de lo mismo.
Pff~ dejemos mi relación atrás, let's gabarju pri altra choses.

¿Ya saben lo de la reforma laboran en México? Es una chupada. Me preocupa regresar a México y ver destruido medio país por culpa de las estúpidas políticas y de los policías y soldados que no entienden lo que hacen ni lo que deberían hacer. Sin embargo, yo estoy a favor de una guerra de revolución, claro está, sin participar, yo quiero vivir más. Pero bueno...mi país está lleno de arenosos y nadie hará nada.

Les dejo, tengo que explicarle la diferencia entre "bongusta" y "gustobona" a un imbécil español recién iniciado en el Esperanto.

Saludos!

sábado, 8 de septiembre de 2012

Hoy en día, el miedo está en todas partes, la esperanza detrás de éste sólo ayuda a no dejarnos caer, pero no ayuda a superarlo, sólo esperamos que no nos mate el miedo, que no nos alcance la oscuridad, sólo queremos encontrar y seguir un rayo de luz que se cuela por las grietas de la prisión en la que vivimos a diario...
Hoy en día alguien te puede matar sólo por tus zapatos, sólo por hacerle mala cara, sólo por...nada.
Hoy en día la vida es sólo una partícula de polvo en el universo, es nada en la realidad, la vida sólo vale mientras es, nada más, y todos somos finitos, todos perderemos la importancia que nos da la vida en algún momento, todos caeremos en el pesimismo en algún momento, y si no lo hacemos, de verdad, deberíamos.
Levantar la cara y sonreír no soluciona nada, es una máscara solamente, y siendo una máscara no hace más que ocultar la verdad, mentir...

martes, 17 de julio de 2012

Elecciones.

Elecciones

Bien, regreso a este espacio de desahogo, el buen blogspot.

El 1ro de Julio del 2012 todos los mexicanos fuimos testigos de una de las más descaradas marranadas llevadas a cabo por el Partido Revolucionario Institucional. Compra de votos, relleno de urnas, asesinato de funcionarios, lavado de cerebros...mierda, mierda everywhere.

Ahora tengo miedo, de verdad, tengo miedo de lo que pueda pasar en mi país, tengo miedo de estar aquí, tengo miedo de no poder salir.

De verdad, me dan ganas de llorar, cada vez esto se ve más oscuro, y yo, como todo buen loco, lo imagino todo desde un universo mejor, donde yo soy el dueño y a la vez soy parte de la comunidad, soy alguien dentro de ese universo, sin embargo, no sigo a nadie, estoy solo, pero estoy con todos, con todos los que en mi cabeza luchan por ese mismo universo pacífico y alterable a nuestro antojo, ese universo marxista, ese universo zapatista, ese universo taoísta...ese universo es completamente mío, y es en el que vivo la mayor parte del tiempo. Por eso parece que no me preocupo de lo que sucede en mi país. PERO SÍ ME PREOCUPA!!

Caramba....desearía que don dios existiera para que nos mate a todos y el planeta entero fuera gobernado por pulpos inteligentes con Wi-fi integrado.

viernes, 15 de junio de 2012

IA3


IA (Primera parte)

    3. Plan

Regresó cuando, la noche se llenaba de gente, el cielo de luces de las cápsulas y el suelo de desechos de los desagües de la ciudad. Ella llegó cabizbaja, triste, no sé, eso me parecía. prendió la luz y comenzó a desvestirse, al parecer había olvidado que yo estaba ahí.
- Hola - le dije.
Ella se giró rápidamente cubriendo sus ropa interior con el traje de confederacionada y me miró asustada. Luego de darse cuenta de que era yo se relajó, pero sin mover el traje de su lugar.
- Me dejaste encerrado, Sistra. No pude salir.
Ella me sonrió, pero miró al escritorio de trabajo que seguía mostrando el mensaje "Contraseña incorrecta, vuelva a introducir la contraseña" y detrás el nombre "Fuze".
- Esa no es la contraseña, Bratt. - me dijo ella.
- Sólo lo hice por curiosidad, se encendió cuando puse mi mano, no pretendía prender la computadora. - yo intentaba sonar lo más tranquilo posible, ella me creyó.
- Has visto el programa prototipo de "new life, new world, new me"?
Yo respondí que no con la cabeza, mintiendo. Ese programa había estado en boca de todos, por fin habían conseguido conectar a las personas en un 90% a la red "White aware web", una plataforma de acceso limitado donde las personas con dinero podían aprender y dominar nuevas habilidades, pero yo no sabía exactamente a qué se referían los vagos de mi comuna cuando decían "habilidades". - No, ni idea - le dije.
Ella sonrió satisfecha, desde que éramos pequeños, ella disfrutaba explicándome cosas, cómo funcionaban las pantallas holográficas, las placas de cuarzo, incluso cosas tan simples como el funcionamiento de las máquinas devoradoras de basura, yo sólo podía explicarle cómo funcionaban algunos insectos, aunque, la verdad, a veces sólo le explicaba las cosas como yo las entendía.
- La WAW es una red consciente creada hace algunas décadas, al principio fue creada para almacenar datos y crear patrones de preferencia entre sus usuarios, pero fue creciendo rápidamente y al mismo tiempo fue aprendiendo a diferenciar perfiles de uso y detectar todo acerca de cada usuario, no sólo se guiaba por la dirección de conexión, sino también por la velocidad de tecleo, las palabras usadas para pedir información, el tiempo de respuesta ante cierto tipo de resultados etcétera. Se convirtió en algo así como una red inteligente. Entonces comenzamos a experimentar con ella.
Su cara pasaba de mostrar interés a mostrar asombro y misterio mientras hablaba en segundos. Yo la miraba fijamente.

jueves, 17 de mayo de 2012

IA2


IA (Primera parte)

    2. Plan

No pude evitarlo, tenía que volver a verla. Ese era el plan de Sinnombre. Él. Él era una especie de anciano sabio, un hermitaño en medio de la multitud, un huraño cascarrabias que desde su desnombramiento se había propuesto una sola misión: destruir el mundo. No hacerlo volar, sino hacernos volar. Hacernos destruir lo que somos para volvernos a encontrar, alejarnos de las máquinas,
hacernos entender que no eramos programas desechables, sino personas con un universo en nuestras cabezas. Él tenía una idea de que en el mundo hay más que humanos, máquinas y perros. Pero, por supuesto, todos lo tratábamos como un loco al principio, hasta que nos lavó el cerebro y nos hizo entender que sus ideas eran también nuestras ideas. Nadie le decía “Sinnombre”, le decíamos “Sinn”.

El mundo estaba cada vez más lleno, cada vez más atascado de gente, pero, bueno, a nadie se le hacía extraño, así habíamos vivido durante los últimos cien años. Él no me cae bien, lo asaltaré. Ya, bueno. Ahora, cada persona está conectada a su archivo personal, un archivo que, al principio, fue creado para librarnos de la necesidad de buscar el nuestra historia fuera de nosotros mismos, pero, más que eso, fue hecho para controlarnos, para conocer nuestros pensamientos. El problema es que se necesitarían tantas personas controlando nuestros archivos personales como personas en el mundo, o una máquina tan inteligente como para leer los archivos de dos billones de humanos al mismo tiempo. Nada podía hacerse, los archivos se quedaron en nosotros, nunca fueron removidos y, sólo por costumbre, cada que alguien nacía, le ponían su propio archivero personal. El mundo está cada vez más lleno de gente con pequeños microdispositivos donde vamos dejando nuestra historia plasmada, aunque, la verdad, nunca nadie la leerá.

Sinn me llamó, me dijo que tenía que ayudarle a conseguir su sueño. No supe qué decir, la verdad no dije nada, como todo buen humano obedecí a mi superior y hasta intenté entender sus palabras. Él no necesitaba entender mis palabras, él me conocía, me sabía mejor de lo que yo a mí. Quizás haya tratado con otros como yo a lo largo de su vida. Pero a mí me necesitaba, y yo al principio no sabía para qué.

Ella no estaba sola, Sinn me dijo que era una de las principales coordinadoras de la operación -220 (menos doscientos veinte), un proyecto sumamente secreto al que muy pocas personas habían tenido acceso. Yo no pregunté cómo fue que Sinn lo obtuvo. No necesitaba saberlo, era completamente irrelevante. Ella era programadora, una de las más inteligentes y posiblemente una de las pocas programadoras naturales, de esas personas que nacían con la facilidad de entender la tecnología entes que el lenguaje hablado. Estaba en esa operación y, quizás, aún se acordaría de mí.

Sinn me mandó ir con ella, me mandó sacarle secretos y, si no los quería decir, me dijo que la asesinara. Yo no quería hacer eso, pero era la inteligencia de Sinn contra mi falta de voluntad. Llegué al edificio donde ella trabajaba, la esperé durante horas a la salida, esperé y esperé, mordí un pan de casta, seguí esperando, tomé agua de un grifo, intenté capturar el resbaladizo monedero de una señora gorda, pero fallé, seguí esperando hasta que la noche gris cayó sobre mí, y el edificio comenzó a vaciarse, las luces de las plantas más altas se comenzaban a apagar, no había notado lo grande que era, ni siquiera había observado su construcción. Me hubiera gustado ser arquitecto y observador de bichos. Ella no salió del edificio. Las luces de todo adentro del edificio se habían apagado. No había más gente. Yo seguí esperando. Vi un insecto, me recordó a mi infancia, me recordó el panal, me recordó a Elea. Elea. Así se llamaba. Ya lo había olvidado. Elea iba saliendo del edificio.
La llamé por su nombre, ella volteó. No me reconoció. Ni yo la hubiera reconocido de no ser por las imágenes en mi archivo, pero era alguien completamente diferente. Usaba aretes, tenía el cabello cuidado, su traje de confederacionada le quedaba a la medida, parecía alguien que no se parecía a ella. Yo la recordaba sucia, despeinada, con la piel morena por el sol y los ojos irritados por la arena que vuela al rededor del mundo. Ahora, Elea no era Elea. Ella volteó. Me miró y no me reconoció.
- ¿Sí? ¿Qué necesitas? – preguntó.
- Eres Elea, ¿cierto?
- Sí. – se detuvo, me miró con más cuidado, poco a poco su rostro fue cambiando, fui testigo de ello, sus cejas se arquearon, los ojos se abrieron, la boca soltaba una vocal muda interminable y unas pequeñas lágrimas comenzaron humedecer sus ojos, luego a bajar por sus mejillas. Al rededor de nosotros pasaba mucha gente. Ella me abrazó, la gente nos miró y se detuvo por un segundo, por un segundo entero todo fue nada, luego, la voz del mundo regresó y todos recordaron que tenían algo mejor que hacer que ver a dos hermanos encontrándose en medio de la calle.
- Soy yo... – fue todo lo que pude decir.
Ella no me soltaba, olía bien, a limpio, a perfume de ciudad, a computadoras, a herramientas, a gente igual a ella. Pero no olía como yo, a vago, a sucio, a abandonado, a perro húmedo con los vapores de la ciudad.
- Bratt... – dijo entre sollozos. No dejó de abrazarme.
- Sistra... – le dije a mi hermana. Así le decía yo siempre, desde que eramos insectos en el fango y máquinas descompuestas.
- ¿Qué haces tú aquí? – me preguntó dejando de abrazarme. Me tomó de los hombros y me analizó con su mirada de ingeniera – parece que no has comido bien...ni te has bañado, y creo que tampoco has dormido bien. Ven, ven conmigo, vayamos a mi celda, no es muy grande, pero creo que sí podrás entrar y contarme qué ha sido de tu vida.
No sé... – de verdad no sabía qué decir o qué hacer – ¿no habrá ningún problema? No soy legal aquí...

Ella sólo sonrió. Me tomó del brazo y me condujo al abductor. Éste nos dejó frente a su panal, no había guardia de seguridad, pero sí una cámara circular con decenas de lentes negros que se movían siguiendo todo lo que se moviera. Ella pasó un tatuaje que tenía en la muñeca sobre un detector de luz azul y una puerta se abrió, era otro abductor, pero éste nos llevaba hacia arriba, ella pidió el piso treinta y cuatro. Nos tardamos dos segundos en llegar. Se abrió la puerta y había un pasillo largo, con muchas puertas altas y largas, todas iguales, con números y letras distintos sobre la cámara de vigilancia. Caminamos por el pasillo, sin hablar, llegamos a una puerta, del lado derecho, en el borde de ésta decía “45z33fserie001”, ella volvió a pasar su tatuaje por el detector de luz azul y la puerta se abrió. Adentro era fresco, es lo primero que recuerdo, era oscuro, pero era sordo, no había un sólo sonido al rededor, cuando la puerta se cerró detrás de mí, una tenue luz azul iluminó la celda. Eso no era una celda, era casi un palacio! Era una habitación grande, de ocho metros de ancho por diez de largo y dos de alto. Tenía una regadera de vapor en la esquina izquierda y un calentador de comida en la otra esquina, junto a una máquina que no sé para qué era; en medio, en la pared, había una gran ventana opaca que cambiaba su opacidad según el estado de ánimo de mi Sistra al entrar en la habitación (de esto me enteré después), el suelo de toda la habitación era una alfombra, era color miel, tenía algunas imperfecciones, algunas manchas, pero, ¿quién era yo para verlas? En medio de la habitación había una cama gruesa, como de veinte centímetros de alta, con una pequeña sábana encima. A la derecha, justo entrando, había un cajón guardarropa y a la izquierda un escritorio con herramientas y circuitos a medio terminar. Era todo un paraíso.

- Métete a bañar – me ordenó ella.
- No. – respondí. No sé cómo, pero me desnudó y me encerró en esa pequeña esquina húmeda, con vapor de agua hirviendo y brisa fría. Fue extraño, creo que sólo me había bañado dos veces en la vida: ésta y cuando nací. Me dio instrucciones de cómo usar el líquido para cuerpo y el líquido para cabello, al principio me causaban comezón, pero al final se sentía bien. Podía oler mi cuerpo sin desagrado. Salí y ella me secó con una toalla. Me dio mi ropa ya limpia, al parecer, esa máquina en la otra esquina era para quitarle el olor a la ropa. Además estaba bastante caliente y sacaba vapor. Todo esto era nuevo para mí. Me vestí, comí con ella y luego, cuando ella lo propuso, platicamos.
- Así que has estado aquí escondido durante todo este tiempo, Bratt. Yo llegué a esta ciudad hace menos de un año, es interesante que los dos hayamos terminado aquí, hace unos días estaba pensando en ti, en saber...

Después no le puse mucha atención, dijo muchas cosas sobre nosotros, me contó su historia, al parecer fue encontrada por una familia adinerada poco después de que yo me había ido, le dieron casa y estudios, etcétera, me extrañaba, bla bla bla, soy un tonto y dijo más cosas. Yo le conté mi historia, el cuento soporífero más tedioso y neutral de contar jamás. Sólo omití a Sinn, ya que él me había dicho que no lo mencionara nunca. Mi vida no era nada, yo seguía robando como cuando niños, y eso era todo lo que hacía. Era un verdadero indigente.

- La vida no le puede sonreír a todos – dijo y me miró triste.

Dormí en su cama, ella me abrazó y me dijo que me extrañaba. Se quedó dormida de inmediato. Yo no pude dormir, el lugar era demasiado pequeño y no había corriente de aire, ni siquiera había gente llegando ni el olor a agua estancada que tanto me gustaba. Mi cabello olía extraño y la piel me picaba. El brazo de mi hermana me hacía sudar la espalda, y su respiración sin tos me parecía anormal. Me levanté y me senté en el suelo, mirando por la ventana hacia la ciudad. Casi nunca había visto la ciudad desde arriba, siempre era desde lo más abajo. Me dormí frente al vidrio tibio.
A la mañana siguiente me despertó ella.

- Sistra, qué sucede?
- Tengo que salir, tengo que trabajar.

Esas fueron sus palabras antes de salir de su habitación, algo malhumorada. Me había quedado encerrado ahí. Ella se había ido. Podía llevar a cabo mi encomienda. Sinn estaría satisfecho con mi trabajo. Comencé a invadir los archivos de mi hermana, la mesa de trabajo con herramientas se prendió con un roce de mi mano, me pidió la contraseña. Puse “Elea”, negativo, puse “Sistra” y después “Bratt”, tampoco eran la contraseña. Comencé a mirar a mi alrededor, quizá habría alguna pista. No encontré nada significativo, entonces, la respuesta debería estar en su cabeza, tan en el fondo de su cabeza que nadie podría entrar, en sus archivos personales, en sus recuerdos. Comencé a observar los míos, mis recuerdos estaban hasta cierta edad ligados a ella, a ella. Ella. Elea. Y yo no recordaba quien era, tuve que regresar a mis archivos, tuve que intentar escuchar mi nombre. Me daba miedo el hecho de que nadie me hubiera llamado por mi nombre desde hacía tanto tiempo... lo encontré. Fuze. Tecleé “Fuze” en la pantalla del escritorio. Negativo.

El día pasó. Vi el cielo cambiar de color, primero de rosa a rojo, de rojo a naranja, de naranja a amarillo, de amarillo a amarillo claro, de amarillo claro a rojo, de rojo a violeta, de violeta a azul, de azul a gris y de gris a negro, aunque en el horizonte se veía un hermoso resplandor de luz amarilla y blanca que salía de la ciudad. Me quedé sentado, frente a la ventana, esperándola, esperando a que llegara, esperando a que abriera la puerta, viendo el día entero pasar ante mis ojos. Uno más. Sobreviví un día más.

lunes, 7 de mayo de 2012

IA 1

IA (primera parte)


1. Recuerdos.


    Siempre fuimos muy diferentes, ella se la pasaba juntando residuos de computadoras viejas con las entradas táctiles ya destruidas, con las hologramemas rotas, con el casco líquido derramado y demás cosas inservibles. A final de cuentas siempre terminaban funcionando, de una manera o de otra, ella las hacía funcionar. Yo, en cambio, me la pasaba juntando gusanos, observando sus patas, las funciones de sus cuerpos, me gustaba a veces quitarles las antenas para ver cómo se comportaban. Siempre pensé que algún día podría llegar a hablar con ellos.

    Y así fuimos creciendo. Ella era un año menor que yo. Ninguno de los dos había podido ir a la escuela. El mundo ya no tenía espacio para dos huérfanos abandonados y el gobierno ya no servía a sus gobernados como los viejos recordaban. La mancha gris en el cielo bloqueaba el hermoso naranja con el que había crecido. Ahora se ha vuelto cada vez más grande.


    Después de algunos años, ya que ella y yo nos habíamos peleado, yo me dediqué a comer, abandoné mi vocación de observador de bichos y decidí asaltar a quien no conociera. Aunque, bueno, eso era fácil, vivía en una ciudad llena de gente. Hoy en día no hay lugares en el mundo que no estén llenos de gente. A ella le perdí el rastro. Después de la adolescencia, ella no quiso seguir comiendo pan robado. Me dejó. Más bien, yo la abandoné. Esa celda en el panal era todo lo que teníamos, pero me fui a buscar un mejor lugar.


    Llegué a Nueva Budapest, una ciudad al sur de la Vieja Budapest, por la que no pasaba el río, sólo pasaba un canal de una sustancia verdosa y espesa que olía a animal muerto y comida podrida. Aquí comencé durmiendo en las calles, junto con muchos otros abandonados de la sociedad, seguí robando, seguí escondiéndome de la policía y seguí comiendo la misma basura que comía en el panal con ella. Poco a poco me hice de una pandilla de ladrones, yo no era ni el más experimentado ni el más novato, era de los de en medio. Ellos me enseñaron a robar en las casas de ricos, donde vivía tanta gente que, si no fuera por el dinero, viviría igual que nosotros: amontonada en un edificio viejo juntando calor con lonas y trapos desgarrados y comiendo pan de baja casta que, con dos o tres mordidas te llenaba de energía para poder robar un poco más. La vida no era mala, y no había una mejor manera de vivir.


    Pasé unos años en Nueva Budapest. Oculto entre las multitudes, esperando solamente la muerte, esperando sin esperanza la llegada de un milagro para mí y para toda la humanidad. Por ahí había escuchado que el aire se estaba volviendo venenoso, que dentro de poco tiempo nos veríamos obligados a usar máscaras, que en América eso ya había comenzado a suceder, y que en Europa no tardaría en aparecer una vez más la nueva fiebre negra. Yo no tenía miedo, de hecho, ni siquiera lo creía, era un escéptico. Entonces apareció el último Sinnombre. Y no pude evitar volver a verla. Ella se llamaba Elea.

miércoles, 11 de abril de 2012

Mujer...


     No puedo andar por la vida diciendo "me gustan las mujeres" porque suena machista y adúltero, aprovechado o cínico, parecería que me gustan todas o que de todas me gusta algo, no puedo tampoco andar diciendo "no me gustan las mujeres" porque suena maricón y pocohombre, algo gay u homosexual, suena a que no me gusta ninguna o que me gusta lo que no es mujer. Tampoco puedo decir "todas son bonitas" porque, vamos, sabemos que eso no es cierto, pero pues es el mismo caso de "no todas son bonitas" ya que suena algo elitista, machista de nuevo, o, también, que las conozco a todas.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Soy ateo y que me perdone tu amigo imaginario.

Ne ĉagrenu!
    Dios es el conjunto de necesidades compartidas que alguna vez respondieron a la falta de conocimientos sobre el mundo atribuyéndose un carácter mágico estético capaz de dominar las mentes débiles y susceptibles sin necesidad de conocimiento real que se dan por servidas con decirles "sí, te dio diarrea porque es la voluntad de Dios, amén".

sábado, 17 de marzo de 2012

Movimiento estudiantil

Salúton blogumántoy! Así se dice "Te amo" en esperanto.
En la facultad de Lenguas y Letras de la Universidad Autónoma de Querétaro existe una gran cantidad de gente que busca la forma de graduarse de Lingüista o de Literato. Pero no sólo somos eso, en la facultad hay gente rara y gente común y corriente, hay metaleros, emos, fresas, nacos, antreros y antisociales, están los jóvenes y los viejos, están los

lunes, 12 de marzo de 2012

Egoísmo profesional o incapacidad de trabajar en equipo


    - Hacen equipos de tres personas y me investigan para el lunes cuáles fueron los cuatro tipos de gobierno que rigieron Sri Lanka hasta el año dos mil ocho. - dice la maestra.
"No. Lo haré solo." pienso yo.

domingo, 11 de marzo de 2012


Saber escribir.

    Como todos sabemos, la gente hoy en día no sabe escribir. Ya hace tiempo que quería dedicarle un ensayo a ese tema, pero por una u otra razón, no me había dado el coraje para señalarte (sí, a ti, querido lector) las cosas en las que a veces fallas o en las que fallan tus amigos, familiares lejanos, padres, hijos, conocidos del trabajo, compañeros de clase, parientes legales, desconocidos platicones de Youtube, seguidores de Twitter, amigos de Facebook, y demás entes pseudopensantes.

jueves, 8 de marzo de 2012


El último hombre sobre la tierra y la mujer que quería conocer las frutas.  


   Cuando él regresó a la Tierra, ya no había nadie. No me refiero a que sólo su familia y sus conocidos habían desaparecido, sino a que todos los humanos en la faz de la tierra habían sido evaporados. Él no sabía cuanto tiempo había estado en el espacio. Debió haber sido mucho. La tierra estaba cubierta por una capa de arena naranja sin rocas ni diferencias entre los montículos de tierra. No había nada más. 
Ni animales ni peces ni plantas ni nada.   El vasto océano era ahora una aceitosa masa negra incapaz de sostener vida. Él no sabía qué hacer. Subió a su nave y piloteó a lo largo y ancho del planeta. Todo era igual. Desierto sobre aceite. La Tierra había dejado de ser el hogar de todo lo que él conocía. Ahora era un planeta desierto como muchos otros que había en el universo. Salió en busca de respuestas.

Policías al servicio de la comunidad


       Hoy casi hago que me atropellen, ¿y por qué? Porque al parecer esa señora no vio el semáforo.
La cultura vial en México es una burla, es la continua muestra de que aquí todos nos sentimos Juan Camaney y que nos las sabemos de todas, todas. Es la muestra de que nuestros oficiales de policía no han aprendido a tener el coraje suficiente (o no les pagan lo suficiente) para rechazar una mordida al momento de una infracción, incluso no son capaces de infraccionar a alguien que atropella a otra persona sólo por el hecho de que ese alguien tiene poder legal y no se le puede tocar.

miércoles, 7 de marzo de 2012


Disonancia de incienso jazmín...
(Cacofonías de niebla y luz)


El complejo de los nuevos pesos.


Como bien saben, hace más de veinte años nuestros padres y abuelos ganaban millones de pesos que se fueron devaluando hasta nuestros tiempos, donde si bien nos va ganamos unos cuantos miles.
Recuerdo esa noche con mis padres donde descubrí que me gustaba cenar leche, pan, política y economía, a pesar de que yo nunca había entendido las últimas dos. Mi padre estaba sentado, como de costumbre, en la cabecera de la mesa y frente a la televisión con mi mamá y mi hermana a un lado y


   Una educación a la “televisiva”.

   Esperando encontrar un poco de inspiración para comenzar a escribir este ensayo, me puse a ver la televisión. En ésta pude notar la gran cantidad de estupideces que los niños ven a diario. Un gato espacial que quiere llevar comida terrícola a su planeta. Un niño enano y gordo que se cree deportista extremo. Un extraño niño con un perro elástico que intentan salvar princesas de hielo, de metal, de espinas, de nube, etc. Un ayudante de cocinero que no puede dejar de comer, que trabaja con un narizón incompetente y su esposa hada que en realidad es un ogro. Unos hermanos que, con ilimitados recursos sacados de quién sabe dónde, crean verdaderas ilogicidades de ingeniería y que, mientras, su ornitorrinco mascota detiene a un mediocre sujeto en sus planes malévolos contra la ciudad en la que viven. Y así puedo seguir nombrando caricaturas con tintes obesamente grotescos, con tramas estúpidas o con personajes mediocres.

Elecciones 2012


   Ayer en la noche me desperté pensando “este año sí voto”, un escalofrío recorrió mi espalda y olvidé por completo el tema de mi pesadilla, regresé mi cabeza a la almohada y volví a dormir.
El miedo a caer


El vacío de esta oscuridad
sin aire
me hace sentir muerto,
perdido,
cayendo,
sin fuerza,
sin alma,
sin aliento,
sin cuerpo,
me ves?
yo no,
te ríes?
lloro,
por mi piel
escurre un frío líquido,
el miedo entra por cada poro
y la oscuridad de esa sonrisa
me empuja más
al fondo
en este pozo de infinita soledad
y grito,
nadie oye,
nadie mira,
nadie está,
sigo,
caigo,
muero,
solo,
muero,
ciego,
muero,
y mi aliento se escapa por última
vez de mi frío cuerpo...