miércoles, 21 de marzo de 2012

Soy ateo y que me perdone tu amigo imaginario.

Ne ĉagrenu!
    Dios es el conjunto de necesidades compartidas que alguna vez respondieron a la falta de conocimientos sobre el mundo atribuyéndose un carácter mágico estético capaz de dominar las mentes débiles y susceptibles sin necesidad de conocimiento real que se dan por servidas con decirles "sí, te dio diarrea porque es la voluntad de Dios, amén".

    Hace no mucho tiempo pasé de agnóstico a ateo, sin ayuda de nadie, sin intervención divina o plática con satán. Y, ¿saben qué? No siento ningún cambio. Mi vida no es mejor ni peor, tengo los mismos sueños (por la noche, no confundir con fantasías) que siempre, escribo y hablo tan rápido como antes, la comida me sabe igual, mi conciencia está ocupada de lo mismo y no tengo ningún problema con la idea de rechazar el credo impuesto a todo el mundo bajo el nombre de un sujeto que lamentablemente falleció hace dos mil años.

    Dios no es un ente físico, factible, táctil ni sensorialmente perceptible. Dios es una idea contagiosa, es un amigo imaginario común entre muchos humanos, es la conciencia concientizada, es la oxitoctina que emite nuestro cuerpo por culpa de una persona querida o por comer chocolate, Dios es un concepto básico dentro de cada total cultural.

    A Dios lo inventaron para responder los fenómenos que el hombre antiguo no podía entender: las lluvias, los truenos, el horizonte, el cielo, la vida y la muerte entre otras. Las personas necesitaban sentirse protegidas bajo la idea de un padre. Éste es un concepto bastante filial. En la época cuaternaria, uno como hijo deseaba la presencia de un padre que lo cuidase, que le diese cariño, comprensión y consejos. En esa misma época, uno como adulto, que ya no tenía a su propio padre, comenzaba a extrañar ese sentimiento nacido en la infancia y perdido en la edad adulta. ¿Qué sucede? Se crea un complejo mental en el que existe un ser "paternal" cuidador del hombre y de sus descendientes. BAM! Nació Dios.

    Así es como comienza la historia de Dios. Poco a poco, las personas se van dando cuenta que un sólo "hombre-superior" no puede hacerlo todo y, entonces, deciden inventar al resto de los dioses de su cultura. Los dioses de las culturas antiguas se preocupaban de una o dos tareas básicas del hombre, la guerra, la recolecta, la familia, la caza, etcétera; además, aún quedaban en el catálogo los dioses de las cosas inexplicables, como las lluvias, los incendios, los terremotos, los huracanes y demás fenómenos naturales. 

    El mundo sigue girando. Muchos dioses murieron o se transformaron en otros dioses a través del asimilamiento por otras culturas ajenas a la propia, otros dioses fueron inmortalizados en historias escritas, en canciones pasadas de generación en generación, en jarrones y valijas, etcétera. Entonces, y cuando todo estaba bien entre los diferentes pueblos con dioses distintos, aparece en medio oriente un simple hijo de carpintero llamado Jesús.

    Él, según la leyenda, nació en Belén, Nazaret, Jerusalem, en lo que ahora es Israel. Creció rodeado de pensadores que tenían su religión definida, ya sean judíos o romanos, y que poco a poco marcaron su existencia. Su forma de pensar cambió al mundo lo suficiente para poder seguir escuchando de él hasta nuestros días. Pero él era sólo un hombre, un hombre agnóstico que no seguía doctrina religiosa alguna, sólo promovía y daba el consejo de amar al prójimo. Un hijo de campesinos trabajadores que se fue de su casa a temprana edad y vivió en "nadie sabe qué parte del mundo" hasta que regresó en forma adulta a dar metáforas de la vida a sus seguidores, quienes, con el paso de los años y con el cambio de las lenguas, fueron traducidos como los testigos de los milagros de Jesús.

    El tiempo sigue y la religión de un sólo dios se fortalece. En su nombre ocurren guerras, muere gente y se pierden valiosos documentos de culturas que, por pensar diferente o tener un dios o dioses diferentes, merecían la muerte. No se digan las cruzadas, la inquisición, las conquistas, la "alfabetización" de pueblos, las ejecuciones de gente de libre pensamiento, la cacería de brujas, la violación de menores, el robo de riquezas y la desaparición de pueblos nativos de América, la muerte y caza de homosexuales, e incluso la frase "eres culpable hasta que no se demuestre lo contrario" se la debemos al papa Gregorio IX entre muchas otras atrocidades contra la humanidad y contra la libre elección de credos.

    La vida sigue. Ahora, y según mucho de lo que se lee y escucha en medios de comunicación abierta, la iglesia católica está empezando a perder adeptos. La era de la tecnología y la ciencia está superando a la era de la creencia y las supersticiones. Las personas comienzan a despertar de ese horrible sueño que fue la ceguera religiosa. Poco a poco las religiones desaparecen como entes de poder y riqueza, la ciencia empieza a ponerse en el lugar que, en nuestro cerebro, ocupaban Jesús y sus amigos. ahora no nos preocupa si nos iremos al infierno, ahora lo que nos preocupa es llegar a Marte. Ahora no creemos que los demonios se apoderan de nuestros cuerpos, ahora, en lugar de andar matando pacientes, los tratamos con medicamento que puede o no funcionar, dependiendo el caso médico, pero nunca se lo atribuimos a algún castigo divino y mucho menos a algún castigo demoníaco. 

    Nos dicen que Dios es amor. Pues el amor nace de una hormona que suelta el cuerpo llamada "oxitocina" y que es responsable de la reproducción y mantenimiento de la especie. Yo no digo que el amor es malo, me encanta esa toxina venenosa y contagiosa, pero lo que no me encanta es atribuirle a Dios el hecho de que gracias a él podemos amar a alguien, a nosotros mismos y que, por eso, él nos ama a nosotros (o era al revés? No lo recuerdo).

    ¿Qué más le queda a Dios si no rendirse ante su inminente caída al mundo de los mortales? Porque eso somos, mortales. No existe la vida eterna ni aquí ni en Keppler 22b. Somos materia y conciencia, nuestros actos los medimos nosotros mismos y las reglas de la sociedad, no necesitamos de un ser gigante y fizgón que nos mira cagar y follar cada vez que lo hacemos. El mundo no necesita a Dios, si algo necesita, eso es dinero y mucha comida. Dios proveerá para los pobres y necesitados, ese es el consuelo de los que no quieren trabajar y se quedan en la calle esperando a que su amigo imaginario Dios les de una moneda.

    Creo que esto quedó muy largo. Espero no tener faltas de ortografía, ya saben que me molestan.
    
    Sin más por el momento les digo unas sabias palabras que dijo un pequeño sujeto de color verde "Que con ustedes la fuerza esté".

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