miércoles, 7 de marzo de 2012



   Una educación a la “televisiva”.

   Esperando encontrar un poco de inspiración para comenzar a escribir este ensayo, me puse a ver la televisión. En ésta pude notar la gran cantidad de estupideces que los niños ven a diario. Un gato espacial que quiere llevar comida terrícola a su planeta. Un niño enano y gordo que se cree deportista extremo. Un extraño niño con un perro elástico que intentan salvar princesas de hielo, de metal, de espinas, de nube, etc. Un ayudante de cocinero que no puede dejar de comer, que trabaja con un narizón incompetente y su esposa hada que en realidad es un ogro. Unos hermanos que, con ilimitados recursos sacados de quién sabe dónde, crean verdaderas ilogicidades de ingeniería y que, mientras, su ornitorrinco mascota detiene a un mediocre sujeto en sus planes malévolos contra la ciudad en la que viven. Y así puedo seguir nombrando caricaturas con tintes obesamente grotescos, con tramas estúpidas o con personajes mediocres.
   ¿Qué le sucede a la televisión para niños? Recuerdo que en mi infancia veía Discovery Kids y Cartoon network (además de otras cosas), donde aparecían cosas de interés general, no sólo para niños, como documentales de la vida silvestre, clases de arte con todo tipo de materiales, programas de experimentos seguros y demás contenido educativo. Claro, también había caricaturas, pero fomentaban la imaginación propia y no la enajenación en masa. Ahora nada de lo que aparece en la televisión se acerca a lo que aparecía antes, los programas educativos o de interés científico son realmente aburridos o muy malos, se le da más importancia a las teorías de invasiones alienígenas que la vida en las cavernas submarinas, se busca explicación al fin del mundo en lugar de conocer las culturas antiguas. 
   La televisión hace que la gente sea estúpida. Desde que nació lo sabemos. Ahora, con la cantidad de información idiota que los niños han estado recibiendo, estamos a la deriva de una generación mucho más incompetente que las anteriores. No digo que todos, pero sí la gran mayoría. Y, a final de cuentas, ¿de quién es la culpa? Pues del gobierno que le permite la entrada a programas de tan bajo contenido significativo en lugar de los nacionales de diferentes universidades, pero que, claro, como vienen del norte, de nuestro país vecino, y como todo lo que viene de ese país “es mejor que lo mexicano” pues no hay duda que los programas huecos son mejores que los programas llenos de valores “innecesarios” de Chespirito.
   El tema principal de este ensayo no era la televisión, sino la escuela, pero me salí un poco de contexto. Las personas que van comenzando sus estudios, ya sea en la primaria, secundaria, preparatoria o universidad (aunque éstas en menor medida), se han visto invadidas por esos programas estupidizantes de la televisión actual. ¿Y qué sucede? Pues su capacidad de analizar, de abstraer y de aprender son, muchas veces, mediocres, incluso más bajas que en generaciones anteriores.
   Le estamos echando la culpa al sistema de educación que tenemos en el país, a los comisionados que no saben como usar el dinero de los impuestos, a los mediocres libros de textos y a las carreras inútiles que lo abarcan todo pero no se concentran en nada. Todos nosotros tenemos la culpa de que el nivel de la gran mayoría de los estudiantes de nivel básico, medio y medio-superior no rebase el “Insuficiente” en los programas de exámenes internacionales por permitir que los niños bajen su nivel de pensamiento a través de los programas de educación y que por eso, el sistema educativo se tiene que adaptar a una masa de niños sin cerebro y sin capacidad de adquirirlo.
   No creo que esto cambie por un ensayo hecho en la UAQ, a mitad de la clase, ni siquiera si lo subo a internet y mis conocidos le dan un “me gusta” al archivo, incluso aunque muchos de ellos comenten y sientan empatía con lo que acabo de decir, pero me gusta pensar que en México, con quejarse lo suficiente, se puede cambiar algo. Lo malo es que la educación es algo tan grande que no se podría cambiar aunque todos los mexicanos conscientes nos quejemos, que es lo que hemos estado haciendo desde hace más de cinco siglos.

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