Una educación a la
“televisiva”.
Esperando
encontrar un poco de inspiración para comenzar a escribir este
ensayo, me puse a ver la televisión. En ésta pude notar la gran
cantidad de estupideces que los niños ven a diario. Un gato espacial
que quiere llevar comida terrícola a su planeta. Un niño enano y
gordo que se cree deportista extremo. Un extraño niño con un perro
elástico que intentan salvar princesas de hielo, de metal, de
espinas, de nube, etc. Un ayudante de cocinero que no puede dejar de
comer, que trabaja con un narizón incompetente y su esposa hada que
en realidad es un ogro. Unos hermanos que, con ilimitados recursos
sacados de quién sabe dónde, crean verdaderas ilogicidades de
ingeniería y que, mientras, su ornitorrinco mascota detiene a un
mediocre sujeto en sus planes malévolos contra la ciudad en la que
viven. Y así puedo seguir nombrando caricaturas con tintes
obesamente grotescos, con tramas estúpidas o con personajes
mediocres.
¿Qué
le sucede a la televisión para niños? Recuerdo que en mi infancia
veía Discovery Kids y Cartoon network (además de otras cosas),
donde aparecían cosas de interés general, no sólo para niños,
como documentales de la vida silvestre, clases de arte con todo tipo
de materiales, programas de experimentos seguros y demás contenido
educativo. Claro, también había caricaturas, pero fomentaban la
imaginación propia y no la enajenación en masa. Ahora nada de lo
que aparece en la televisión se acerca a lo que aparecía antes, los
programas educativos o de interés científico son realmente
aburridos o muy malos, se le da más importancia a las teorías de
invasiones alienígenas que la vida en las cavernas submarinas, se
busca explicación al fin del mundo en lugar de conocer las culturas
antiguas.
La televisión hace que la gente sea estúpida. Desde que nació lo sabemos. Ahora, con la cantidad de información idiota que los niños han estado recibiendo, estamos a la deriva de una generación mucho más incompetente que las anteriores. No digo que todos, pero sí la gran mayoría. Y, a final de cuentas, ¿de quién es la culpa? Pues del gobierno que le permite la entrada a programas de tan bajo contenido significativo en lugar de los nacionales de diferentes universidades, pero que, claro, como vienen del norte, de nuestro país vecino, y como todo lo que viene de ese país “es mejor que lo mexicano” pues no hay duda que los programas huecos son mejores que los programas llenos de valores “innecesarios” de Chespirito.
La televisión hace que la gente sea estúpida. Desde que nació lo sabemos. Ahora, con la cantidad de información idiota que los niños han estado recibiendo, estamos a la deriva de una generación mucho más incompetente que las anteriores. No digo que todos, pero sí la gran mayoría. Y, a final de cuentas, ¿de quién es la culpa? Pues del gobierno que le permite la entrada a programas de tan bajo contenido significativo en lugar de los nacionales de diferentes universidades, pero que, claro, como vienen del norte, de nuestro país vecino, y como todo lo que viene de ese país “es mejor que lo mexicano” pues no hay duda que los programas huecos son mejores que los programas llenos de valores “innecesarios” de Chespirito.
El
tema principal de este ensayo no era la televisión, sino la escuela,
pero me salí un poco de contexto. Las personas que van comenzando
sus estudios, ya sea en la primaria, secundaria, preparatoria o
universidad (aunque éstas en menor medida), se han visto invadidas
por esos programas estupidizantes de la televisión actual. ¿Y qué
sucede? Pues su capacidad de analizar, de abstraer y de aprender son,
muchas veces, mediocres, incluso más bajas que en generaciones
anteriores.
Le
estamos echando la culpa al sistema de educación que tenemos en el
país, a los comisionados que no saben como usar el dinero de los
impuestos, a los mediocres libros de textos y a las carreras inútiles
que lo abarcan todo pero no se concentran en nada. Todos nosotros
tenemos la culpa de que el nivel de la gran mayoría de los
estudiantes de nivel básico, medio y medio-superior no rebase el
“Insuficiente” en los programas de exámenes internacionales por
permitir que los niños bajen su nivel de pensamiento a través de
los programas de educación y que por eso, el sistema educativo se
tiene que adaptar a una masa de niños sin cerebro y sin capacidad de
adquirirlo.
No
creo que esto cambie por un ensayo hecho en la UAQ, a mitad de la
clase, ni siquiera si lo subo a internet y mis conocidos le dan un
“me gusta” al archivo, incluso aunque muchos de ellos comenten y
sientan empatía con lo que acabo de decir, pero me gusta pensar que
en México, con quejarse lo suficiente, se puede cambiar algo. Lo
malo es que la educación es algo tan grande que no se podría
cambiar aunque todos los mexicanos conscientes nos quejemos, que es
lo que hemos estado haciendo desde hace más de cinco siglos.
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