jueves, 8 de marzo de 2012


El último hombre sobre la tierra y la mujer que quería conocer las frutas.  


   Cuando él regresó a la Tierra, ya no había nadie. No me refiero a que sólo su familia y sus conocidos habían desaparecido, sino a que todos los humanos en la faz de la tierra habían sido evaporados. Él no sabía cuanto tiempo había estado en el espacio. Debió haber sido mucho. La tierra estaba cubierta por una capa de arena naranja sin rocas ni diferencias entre los montículos de tierra. No había nada más. 
Ni animales ni peces ni plantas ni nada.   El vasto océano era ahora una aceitosa masa negra incapaz de sostener vida. Él no sabía qué hacer. Subió a su nave y piloteó a lo largo y ancho del planeta. Todo era igual. Desierto sobre aceite. La Tierra había dejado de ser el hogar de todo lo que él conocía. Ahora era un planeta desierto como muchos otros que había en el universo. Salió en busca de respuestas.

   Fue a la luna, inmóvil y parcialmente destruida. Desde ahí se podía ver la Tierra. Era horrible. Una bola de naranja con negro, no más. Se sentó sobre la superficie lunar y esperó largo tiempo observando a la Tierra, a ver si descubría cómo pasó lo que pasó. Miles y miles de satélites giraban alrededor de la masa naranja, él los miraba con desprecio. De repente un bip bip de su nave espacial comenzó a encender con su foquito rojo parpadeante. Bip bip y biiiiip, así sonaba. Él corrió (más bien, saltó y voló) a su nave para ver qué sucedía. Un mensaje humano estaba siendo interceptado por el receptor de la nave. Era un video. En él se podía ver un hombre promedio, largo, alto y con pequeños ojos cafés y piel amarilla, cabello rizo color negro y hablando el anglochino que se había hablado durante los últimos cien años de la humandad.
   - Hola Steven McRonald! No creas que nos hemos olvidado de ti. Te habla Steven MCormik, el actual presidente de las Naciones Unidas. Espero que este mensaje te llegue a tiempo ya que tú manejas y posees la única tecnología capaz de salvar a la humanidad. Aunque, claro, para cuando regreses debería aún existir la humanidad. El mundo es un desastre, ya han ocurrido cuatro guerras nucleares en los últimos ciento cincuenta años, la red de inteligencia artificial ha creado conciencia propia y nos ha declarado “nuestros propios enemigos”, hemos tenido dos apocalipsis zombies(a razón de la segunda y cuarta guerras nucleares), ha caído un meteorito tan grande como la tercer luna de Júpiter y nos han invadido los extraterrestres dos veces (motivo por el cual tuvimos que disparar la primera y la tercera guerras nucleares). La verdad los expertos se muestran optimistas, dicen que si esa horda de zombies asesinos que nos atacó al mismo tiempo que la influenza canina no nos ha eliminado, nada lo hará. La verdad yo pienso que internet y sus seguidores se han comenzado a aliar a favor de la Tierra y en contra de la humanidad. Te pido, Steven McRonald, de favor que, cuando regreses (unos mil años después de que yo envío este mensaje), intentes restaurar la vida en la tierra, en la nave que tú manejas existe un dispositivo que puede clonar personas, lo único que tienes que hacer es encontrar una mujer fértil que entre dentro de los parámetros de lo “normal” para que la máquina seleccione los genes de ella y los tuyos y los combine un millón de veces. No es muy difícil. Así que, Steven McRonald, te deseo una muy buena suerte y elije bien a tu Eva, señor Steven-Adán. Cambio y fuera, Steven Mcormik.

   
   El sujeto de la grabación le guiñó un ojo y Steven se quedó mirando la pantalla vacía.
   
Steven salió de la nave y miró la Tierra. Él era el último ser humano en el universo. Se quitó el casco y dejó que el vacío inagotable del espacio lo consumiera.
   
   Una mujer se acercó por detrás de la nave y vio el cuerpo de Steven McRonald esparcido en el vacío. Ella regresó con sus restos a la colonia, en el lado semioscuro de la luna, donde a veces se ve el sol y a veces la Tierra. Regresó triste por la noticia de tanto tiempo esperada. Ahora su única esperanza había muerto.
   En la colonia sólo había mujeres, todas eran iguales de físico y de carácter, pero no de edad. Todas tenían el cabello largo y lacio, todas medían cerca de dos metros de alto, todas eran delgadas y de piel pálida-amarillezca con ojos claros y nariz afilada, senos pequeños y cintura de modelo, piernas largas con pies pequeños y un adorno de oro en el tobillo izquierdo y les gustaban los hot cakes.
   Durante siglos ellas habían nacido y crecido en la luna. La Madre había muerto hacía muchos años, pero se veía reflejada en el rostro y cuerpo de cada una de sus clones. Ellas habían estado esperando a Steven para poder repoblar la Tierra, o por lo menos la base lunar. Desde tiempos inmemoriables se habían tenido que clonar a sí mismas para mantener viva la idea de “vida” y de “humanidad”.
   La más vieja de las clones, al saber de la historia de Steven McRonald, se levantó de su trono de cristal y habló:
   - Ha llegado por fin el día en que las mujeres dominaremos el mundo! Desde el inicio de los tiempos habíamos sido suprimidas y gobernadas por los hombres, pero ahora, con la muerte del último hombre, ¡hemos sido liberadas! ¡No dependemos del hombre nunca más! ¡Nuestra esclavitud y opresión se han acabado al fin! Se nos fue encomendado vivir aquí, en un trozo de piedra olvidado por la luz del sol, para esperar el regreso de nuestro salvador. Ahora él está muerto y con él la larga historia de injusticias y desventajas en contra de la muj…
   Una lanza con punta de piedra atravesó su estómago, dejándola sin habla. Y sin vida. Una mujer se levantó en medio de sus hermanas y dijo:
   - Ese hombre nos hubiera hecho sentir algo que nunca ninguna de nosotras sentimos antes, El amor. Ese sentimiento que se dice poseer por alguien que te da hijos, por alguien que te da el ADN sin preguntarte el nivel de IQ, ese sentimiento de alguien que puede ver a las estrellas y decir que no son tan bellas como tu sonrisa…ese hombre nos hubiera amado a todas! Pero no pudo! Falleció…
   Una piedra voló por los aires aterrizando justo en la sien de la joven que había comenzado a hablar. Una a una se fueron parando para hablar y defender muchas posturas diferentes, unas desde un punto de vista feminista, otras desde un punto de vista más humano, otras desde lo filosófico, otras desde lo artístico, otras desde el derecho humano de la libre elección, otras desde un punto de vista matemático, y también una a una fueron siendo asesinadas de las formas más creativas posibles por la siguiente en hablar, pero al final sólo quedó una chica de pie.
   - Yo también quería decir algo, pero ahora ya no hay nadie que me escuche. Desearía nunca haber comenzado a practicar con esa lanza modelo del siglo XXIV que por accidente rebotara en el domo de la colonia y cayera en el pecho de la anciana. Carajo. Ahora yo soy la última humana en el universo.

   Ella salió de la colonia, entró a la nave de Steven y salió en busca de un planeta con frutas para comer. Había oído que eran muy deliciosas.

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