jueves, 8 de marzo de 2012


Policías al servicio de la comunidad


       Hoy casi hago que me atropellen, ¿y por qué? Porque al parecer esa señora no vio el semáforo.
La cultura vial en México es una burla, es la continua muestra de que aquí todos nos sentimos Juan Camaney y que nos las sabemos de todas, todas. Es la muestra de que nuestros oficiales de policía no han aprendido a tener el coraje suficiente (o no les pagan lo suficiente) para rechazar una mordida al momento de una infracción, incluso no son capaces de infraccionar a alguien que atropella a otra persona sólo por el hecho de que ese alguien tiene poder legal y no se le puede tocar.
Aquí en México existen distintas formas de ver el mundo, puede ser ese mundo que nos bofetea en la cara cada vez que nos levantamos en la mañana o el mundo al que abofeteamos para demostrar quién manda. Para la mayoría de los mexicanos México es ese mundo que le escupe en la cara con pobreza y desigualdad racial. Son muy pocos los que se paran y le escupen a quien pueden, sólo porque pueden.
Ahora mismo estoy en una plaza pública de mi ciudad, escribiendo este ensayo sentado en una banca, de repente veo como la señora que vende helicópteros a control remoto hechos a escala comienza a pelear con un Fulano que quiere que le devuelvan su dinero ya que el artículo que adquirió no satisfizo sus necesidades. La señora se cabrea y comienza a gritarle, desde aquí puedo ver el juguete maltratado y lleno de fango. Se acercan dos guardias del lugar y preguntan que qué sucede. El fulano se atreve a decir que la señora le vendió algo de mala calidad y quiere que le devuelvan su dinero. La señora da muestras de enojo y enseña el juguete – roto – a los guardias. Es evidente que el fulano abusó de las capacidades del juguete y ahora quiere cometer un fraude con la señora de los helicópteros a escala.
¿Todo esto a qué me lleva? La vida en México es así, el que se queja de algo que no era necesario, hace creer a los demás que tiene la razón. Lamenatblemente las personas se quejan por todo, que si sube la tortilla, que si baja el nivel de vida…pero, ¿acaso esto no es algo realmente “quejable”?
El señor del juguete roto se salió con la suya gracias a la poca paciencia (obvia) de la señora que se ha quedado sola en su puesto con las manos en la frente. Esos juguetes son bastante caros y, como hizo ella, aceptar uno en malas condiciones y cambiarlo por uno nuevo, es una pérdida de dinero y un gol a favor del fulano sinvergüenza. ¿Y los guardias? ¿No pudieron ver lo obvio? Yo pienso que sí lo pudieron notar, pero no quisieron meterse en la situación más de la cuenta, a pesar de que ese es su trabajo.
Aquí en México te puedes pasar un alto, puedes robarle a la que te vendió un juguete que tu hijo (o tu perro) rompió, puedes hacerte pasar de idiota como si nada pasara y eso, precisamente, es lo que hace nuestro sistema policiaco nacional. Se empeñan en no verse afectados por la gente “importante” a la que le hacen los mandados.
Ahora los guardias murmuran y me miran con desconfianza.
Espero no ser un día una de esas personas que se paran le escupen a la cara de los demás. Ojalá un día podamos despertar donde la sociedad tenga un poco más de conciencia social y pueda llamarse a sí misma una “sociedad” con todo el significado de la palabra.

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