Elecciones 2012
Ayer en la noche me desperté pensando
“este año sí voto”, un escalofrío recorrió mi espalda y
olvidé por completo el tema de mi pesadilla, regresé mi cabeza a la
almohada y volví a dormir.
Cada seis años se lleva a cabo un
proceso soporífero y mareador en el que todos los mexicanos tomamos
partido, ya sea votando o no votando, a todos nos afecta el resultado
de las elecciones y de la voz de la masa más grande. Mi papá me
decía “A mí lo único que me da miedo son los pendejos, porque
son un chingo y de entre ellos se lanza uno para presidente, al cabo
de unas cuantas pedas en el rancho, la bola lo elige y éste queda
gobernando a todo ser viviente dentro de la república”.
Francamente mi padre no es estúpido, pero aún así no entra en el
marco de la socialitè más destacada del país. Es uno de los que en
su tiempo se dedicaba a la mecánica y a la física, sin terminar su
carrera por mantener en pie los inicios de una familia.
Este año tenemos varias – y poco
interesantes – propuestas de los precandidatos a ocupar el mayor
cargo de conciencia del país. No diré nombres, pero a uno su abuela
le dijo “Si no lees, vas a dar pena, nieto”, a otro le dijeron
“otra vez tú? Es la octava vez que solicitas un cambio de partido,
a la próxima nos invitas unas carnitas al obrador.”, y otros dos.
Francamente no estoy seguro de si
quiero votar este año (o cualquier otro), este país no nos da
opción de un verdadero cambio, todos los políticos, si bien no son
iguales, nos roban dinero y se van con su sueldo vitalicio entre las
manos. Lo que me gustaría es sacar a la mitad de la población y
llevármela a Europa, a un seminario de culturalización, luego a
China, a otro seminario de socialismo funcional…y ahí dejarlos. La
otra mitad del país se quedaría para restructurarlo, destruir el
exceso de viviendas chafas y malhechas de casas GEO y similares y
construir edificios grandes donde quepan cuarenta familias en el
lugar donde cabían diez, deshacer el tamaño de las ciudades a su
mínima expresión y aprovechar las afueras de la ciudad para
reforestar, destruir – o vender – cada vehículo contaminante a
los países aledaños e incursionar un sistema de trenes o metros en
cada ciudad para evitar el uso de camiones y choferes, además de una
red interestatal de vías férreas. Terminado el proceso de
restructuración del país, regresar a los mexicanos de China y
pedirles – a la de a huevo – que se adapten a su nueva vida. Poco
a poco estos mismos se irán a los estados unidos, hablando
chinespanglish…
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