El
complejo de los nuevos pesos.
Como
bien saben, hace más de veinte años nuestros padres y abuelos
ganaban millones de pesos que se fueron devaluando hasta nuestros
tiempos, donde si bien nos va ganamos unos cuantos miles.
Recuerdo
esa noche con mis padres donde descubrí que me gustaba cenar leche,
pan, política y economía, a pesar de que yo nunca había entendido
las últimas dos. Mi padre estaba sentado, como de costumbre, en la
cabecera de la mesa y frente a la televisión con mi mamá y mi
hermana a un lado y
sus dos hijos al otro. Comenzamos a ver un programa gringo donde la gente se pone a vender sus recuerdos estorbosos, autos viejos de colección, monedas de la segunda guerra mundial con la imagen de algún tirano dictador, máquinas de escribir de los treintas, estampillas postales selladas, espadas de la revolución y muchas cosas más que no viene al caso mencionar. Una mujer de unos cien años vendía su muñeca de colección que, en los años treinta, había costado cincuenta dólares, por la cual el comprador pagó ochocientos.
sus dos hijos al otro. Comenzamos a ver un programa gringo donde la gente se pone a vender sus recuerdos estorbosos, autos viejos de colección, monedas de la segunda guerra mundial con la imagen de algún tirano dictador, máquinas de escribir de los treintas, estampillas postales selladas, espadas de la revolución y muchas cosas más que no viene al caso mencionar. Una mujer de unos cien años vendía su muñeca de colección que, en los años treinta, había costado cincuenta dólares, por la cual el comprador pagó ochocientos.
- Esa
muñeca está malbaratada – dijo él. Y fue cuando cometí el error
de preguntar:
-
¿Por qué?
Sin
más preámbulos me explicó hasta hacerme entender cómo fue el
proceso de la devaluación de la moneda mexicana a partir del fraude
de quitarle tres ceros al valor real de Salinas de Gortari en el
noventa y uno del milenio pasado, insistió en explicarme algo que yo
daba por comprendido desde mis clases en la preparatoria sobre lo
que, sin embargo, nunca tuve el valor de cerciorarme. Poco a poco fue
sacando a colación el hecho de que antes se podían ir de vacaciones
tres veces al año y de paseo cada fin de semana él y sus cuatro
hermanos con el sueldo de su padre como técnico en electrónica que
trabajaba en su casa haciendo uso de una habitación como taller.
Ahora,
en el México que me está tocando vivir, una familia de siete con el
ingreso únicamente del padre que arregla televisores, no hace nada.
A penas y tienen para mandar a dos de sus hijos a la escuela y
ninguno de ellos sueña con ir a la universidad, eso es para “la
gente rica y pretensiosa que cree que es más que los demás”. Las
hijas se embarazan jóvenes y se casan con el primer adolescente
calienturiento que sin querer tendrá que atenerse a las
consecuencias de no conocer el condón. Lo hijos mayores se van a
trabajar en lo primero que les ofrecen, si bien les va entran de
achicihincles en un taller mecánico o de lavadores de autos, si más
o menos les va, se van al norte, a seguir el american dream, si
mal les va se meten al negocio bien remunerado pero altamente
peligrosos y adictivo de las drogas, cosa que en este país casi no
se da (inserta sarcasmo aquí).
He
descubierto que la generación de mi papá, junto con las anteriores,
vivieron tiempos mejores y que ahora lo están notando. También
descubrí que mi generación, junto con las venideras, difícilmente
entenderemos el hecho de que nuestros padres sienten el dolor de
ganar ocho mil pesos al mes para alimentar a sus hijos y pagar la
escuela, el gas, la luz, el agua, el teléfono, el internet, la ropa,
la casa, la comida, las colegiaturas, el cable, las croquetas del
perro, el plan del celular y gastos varios. Para nosotros ocho mil
pesos es un chingo.
Mi
padre me ha recomendado comprar cosas de las que no me deshaga, cosas
como monedas de oro o de plata, un auto o una motocicleta, para así
hacerme de una pequeña fortuna de la cual pueda hacer uso cuando la
necesite apresuradamente. En sus tiempos eso era más fácil pues, él
ganaba millones.
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