Mujer...
No puedo andar por la vida diciendo "me gustan las mujeres" porque suena machista y adúltero, aprovechado o cínico, parecería que me gustan todas o que de todas me gusta algo, no puedo tampoco andar diciendo "no me gustan las mujeres" porque suena maricón y pocohombre, algo gay u homosexual, suena a que no me gusta ninguna o que me gusta lo que no es mujer. Tampoco puedo decir "todas son bonitas" porque, vamos, sabemos que eso no es cierto, pero pues es el mismo caso de "no todas son bonitas" ya que suena algo elitista, machista de nuevo, o, también, que las conozco a todas.

Caray, desearía poder decir la verdad sin ser recriminado, sin ser tachado de impuro, inmoral, infame pervertido, sin parecer alguien que no sabe lo que quiere o que, a pesar de saberlo, quiere más. Hay verdades dignas de ser dichas, y hay otras que de verdad dan pena ser pronunciadas, hay verdades frágiles como alas de mariposa y verdades absolutas e intocables como la velocidad del tiempo. La verdad es que sí, me encantan las mujeres.
No he estado con todas las mujeres, de hecho, sólo he amado a un par de ellas, algunas las he amado bien, a otras las amé rápido, a la actual la amo todavía y desde hace mucho. Que no parezca que ando viendo con quien ando más tiempo o con quien cojo más, no. Hablo de amor. Porque el amor puede ser pasajero, puede ser platónico, puede ser carnal o puede ser total. Existen también los amores adolescentes, los primeros amores, los amores de una noche o lo amores de lejitos, están los amores inalcanzables, los amores maternales, los amores enfermizos y los amores empalagantes. La verdad, ya me puse romanticón y me desvié de lo que quería decir desde un principio, esa verdad por la que me tachan de impuro y pervertido, me encantan las mujeres.
No he estado con todas las mujeres, de hecho, sólo he amado a un par de ellas, algunas las he amado bien, a otras las amé rápido, a la actual la amo todavía y desde hace mucho. Que no parezca que ando viendo con quien ando más tiempo o con quien cojo más, no. Hablo de amor. Porque el amor puede ser pasajero, puede ser platónico, puede ser carnal o puede ser total. Existen también los amores adolescentes, los primeros amores, los amores de una noche o lo amores de lejitos, están los amores inalcanzables, los amores maternales, los amores enfermizos y los amores empalagantes. La verdad, ya me puse romanticón y me desvié de lo que quería decir desde un principio, esa verdad por la que me tachan de impuro y pervertido, me encantan las mujeres.
No me encantan las esqueléticas, ni tampoco las obesas, me encantan todas las demás, no me importa si son altas o chaparras, ni muy blancas ni muy negras, con caucásicas, morenas o amarillas no tengo problemas, me encanta ver la piel de sus pechos erizarse cuando paso un dedo por el barranco de sus espaldas, me encantan con los brazos llenitos, la sonrisa amplia y el cabello corto, me gustan tanto las pelirrojas como las de cabello oscuro, me gustan redonditas, con mejillas redonditas, con bubis redonditas, con nalgas redonditas, me gustan firmes, de pensamiento firme, de decisión firme y de pechos firmes, me encantan los pechos, no importa si no son grandes, con que sean bonitos y redonditos está excelente, me gustan los vientres abultaditos, sin panza, pero llenitas, como dije, no me gustan anoréxicas, me gustan las espaldas, ¡ah! ¡Cómo me gustan las espaldas! Esa planicie fértil y propensa a recibir besos sin intromisión de diferentes órganos u otros enseres del cuerpo, tersas, a veces húmedas de sudor, capaces de recibir a veces rasguños con cariño y así sentir un poco más de pasión, me encantan las espaldas...pero, ¿saben qué me encanta más que las espaldas? La curva que se forma desde el hombro hasta la oreja, donde está el músculo llamado trapecio, ¡Agh! ¡Eso sí que me encanta! Me encanta cuando la blusa cae por un lado, mostrando el hombro, me dan ganas de..morderlo! ¡De besarlo y masticarlo! Ella lo sabe, me encanta su trapecio.
Existen cosas que me gustan de las mujeres en las que nadie en el jodido mundo se fijaría, por ejemplo, la separación entre el dedo gordo y el segundo dedo de los pies, eso me gusta mucho, no debe estar ni muy junto ni muy separado, pero sí lo necesario para poder agarrar alguna cosa que se caiga al suelo sin tener que agacharse, me gustan mucho las crestas iliacas, esos huesitos que se asoman sobre la pierna justo donde comienza (¿o termina?) la cadera, me gusta morderlos. Me encantan los ombligos, nunca lo había dicho, pero es la verdad, me encanta el hecho de que, por mucho que lo intente, nunca podré morderlos. Me gusta el pecho, no hablo ahora de los senos, hablo del pecho, la parte entre los pezones y las clavículas, esa sección de perfección en el cuerpo de las mujeres, ese lugar desde donde se escucha su corazón latiendo cada vez más rápido mientras más tiempo dejas tu mano ahí, me encanta. Otra cosa que no he mencionado son las manos. Las manos sí tienen que ser perfectas, delicadas pero fuertes, que no se cansen y que sepan hacer lo que saben hacer, que huelan rico y que se sientan mejor, suaves y ágiles.
Hay un mundo de cosas qué mencionar ahora, están los labios carnosos y provocativos, que no sean ni muy gruesos de abajo ni muy delgados de arriba, los ojos felinos llenos de pasión y de ternura en el momento adecuado, la nariz fina y delicada, que pueda diferenciar las distintas etapas del tiempo con sólo levantarse un par de grados y olfatear, los dientes, la sonrisa sin mácula, la piel suave y fresca, los lunares en la piel, la coquetería, la inteligencia y la imaginación, la capacidad de abstracción y la voz, los susurros en los oídos, la lengua, las pestañas, los pétalos que cubren sus ojos, la sinceridad y el sentido de justicia, las piernas, las dulces y mordisqueables piernas, los talones y tobillos, los codos y las muñecas, la capacidad de sonreír y de hacer sonreír, la aceptación y apoyo a distintas ideas, el carisma y la ternura, la ropa, el sabor de su saliva...muchas cosas hay ahora por mencionar...pero, como dice el url de este blog, ya ando desvelado, y lo mucho que puedo pensar acerca de las mujeres me lleva a pensar en la única que quiero amar ahora, la única que, a pesar de mis gustos y desgustos, es perfecta para mí, no necesito ver a nadie más, por muy perfecta que sea, no se compara con la mía. A la mía, lo que la hace perfecta, además del cuerpo, cara, carisma e inteligencia, es que le gusta jugar videojuegos.
Me gustó, Carlitos. Está padre.
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